El laboratorio del abrazo (25-11-2009) en Ccori Wasi
Omar Garaycochea (Lima) y Pedro Rodríguez (Arequipa) son dos jóvenes que conforman un dúo llamado Laboratorio del abrazo. Garaycochea (fagot, saxofón) fue miembro también del trío Color Madera, un conjunto de música contemporánea e improvisación. De Pedro Rodríguez (guitarra, zampoña, efectos) no tengo mayores datos, sólo sé que es egresado del Conservatorio de Arequipa.
El miércoles pasado el dúo hizo una presentación en el local de Ccori Wasi con motivo del VII Festival de música contemporánea de Lima. Se trató de un concierto atípico en el contexto del festival, el dúo combinaba la música académica contemporánea con sonidos étnicos, el free jazz y el rock progresivo. De hecho se movían en esa zona límite entre lo académico y lo puramente experimental. No usaban fracs, sino ropa casual y el propio Garaycochea decía "La siguiente canción lleva por nombre...". Evidentemente no se trataba de canciones pero la alusión advertía una conciencia de estar sobre escenario rockero (de hecho Garaycochea, con Color Madera, ha participado como invitado en algunos grupos de rock, como los punk progresivos Leuzemia, y también ha formado parte de El Ensamble del Caos, un colectivo de improvisación con gente de El Aire y Museo Heterodoxo). Por el sonido desplegado me hizo recordar mucho a los grupos del Rock In Opposition, como Art Zoyd o Univers Zero, que son de todo el rock progresivo quizá los que mejores puentes tienden con la música contemporánea, la música étnica y el free jazz.
El dúo empezó la noche ambientando el lugar con un extenso loop de sonidos electrónicos de atmósfera cósmica, que al finalizar anunciaba la presencia de Omar y Pedro sobre el escenario. Abrieron con una pieza llamada "Helicoide", para fagot y guitarra acústica. Se trataba de una pieza escrita, una serie que se repetía e iba en crecimiento, creando una sensación de suspenso permanente. Luego siguieron con "Manguero's Song", que tenía una introducción en la que Rodríguez tocaba la zampoña que estaba conectada a un delay y aprovechaba bien las posibilidades de la superposición de capas que permitía el efecto. Luego continuaba con una segunda parte más instrumentada, acompañada por el saxofón y por sonidos que venían de una pista y que tenía una clara búsqueda dentro del universo del prog rock. Me trajo a la mente algo del progresivo sueco, por las exploraciones étnicas.
Luego continuaron con "Orquídea 1", que fue el primer clímax de la noche y en donde Garaycochea demostró que sabe moverse bien entre ese arco infinito que han creado saxofonistas como John Coltrane y Jonh Zorn. He visto a pocos saxofonistas en Lima tocar de esa manera, uno es Bruno Macher, el otro es Marco Mazzini (aunque este es clarinetista pero cuando improvisa toca como un demonio). Ahora veo a Garaycochea y pienso que nuestro país no es sólo tierra de buenos percusionistas sino también de buenos saxofonistas. Lo suyo fue realmente de alto voltaje.
Seguidamente Pedro Rodríguez interpretó una obra del español Leonardo Balada llamada "Four Catalan Melodies", una pieza bonita, tipo Bach, aunque dentro del contexto del concierto sonaba bastante fuera de onda. De todos modos vino bien para relajarse luego del embiste del tema anterior. Continuaron con "Orquídea 2", que a diferencia de la anterior era más reposada y con mayor vocación atmosférico cósmica, casi psicodélica, y de todas quizá la más abstracta, con marcado empleo de sonoridades electrónicas.
"Eclosión final", pieza de Garaycochea, llevaba el asunto hacia el jazz rock, en la tradición de Mahavishu Orchestra y algo del post rock a la Tortoise, sin dejar de lado la influencia de la música contemporánea. Por lo que sentí Rodríguez es un guitarrista que parece concentrado en los sonidos ya previamente definidos, su guitarra es ordenada, aunque explora los timbres, los efectos, no hay fisicalidad en su interpretación, como si la puede haber en Garaycochea, sin embargo Rodríguez muestra virtuosismo para la creación de paisajes y atmósferas.
Para "Protones Lúdicos" exploró finalmente la guitarra con mayor libertad, aun cuando se trataba de una pieza escrita, la acidez de la guitarra creaba un clima psicodélico muy intenso. Fue uno de los grandes momentos de la noche, aunque pienso yo que aún podría llevar la exploración de la guitarra más lejos. Quizá mi mala costumbre de escuchar mucha psicodelia japonesa en los últimos años ha hecho que sienta tímida toda guitarra que no esté dispuesta a incendiarse.
La noche terminó con tres piezas más, una que incluía un instrumento extraño, que se frotaba con un arco de violín. Las piezas restantes "Chorus" y "Maquinal" (esta última ya declaradamente prog rock con aires sinfónicos, escrita usando la serie Fibonacci), estuvieron también muy buenas y confirmaron mi impresión de estar ante un dúo con muchas ideas y gran talento interpretativo. Esperemos pronto haya material de ellos disponible y que continúen los conciertos.
Luis Alvarado
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