Beatita Noise: Culto a la Melchorita de Jab Lemur
Imagina que de pronto llegas a un planeta extraño, con criaturas raras, con un lenguaje raro y que tienes que comunicarte y adaptarte para sobrevivir. Ahora imagina los dilemas de un migrante que llega a la ciudad. O mejor, imagina que llegas a un lugar donde no conoces a nadie. Una fiesta por ejemplo, donde no hablas con nadie.
Jab Lemur ha hecho un
disco sobre ese proceso de conflictiva integración. Su Culto a la Melchorita (Aloardi, 2008) es la alegoría de esa
llegada a un planeta extraño. Y es un álbum conceptual, al modo de los clásicos
discos de rock progresivo o rock sinfónico, donde el concepto del disco está
por encima de los temas, y donde cada tema se ajusta a una idea central. Cuando
digo un disco conceptual no estoy hablando de un disco-objeto o un disco metatextual,
etc, este es mas bien un disco narrativo, donde nos están contando una
historia, como si leyéramos un cuento de hadas o una historia de terror, a la
manera de aquellos discos de rock progresivo llenos de historias épicas,
medievales y mitológicas.
Musicalmente Culto a la Melchorita
no tiene nada que ver con el rock progresivo, se trata en realidad de un disco
de noise. De ese noise abrasivo y
exasperante que tiene un pie puesto en la música industrial y que en otros
lados llaman powers electronics. Lo curioso de este disco es
que el noise, que es la quintaesencia del "no músico"
aparece aquí bajo el formato del rock progresivo que es la quintaesencia del
"músico". Una combinación que nos hace pensar en cómo ciertos
extremos se tocan. Algo tiene el rock progresivo y el noise
que los hermana: será por esa capacidad maximizada de hacer sentir el sonido
como una secreción real del propio músico, una extensión física
de este.
Culto a la Melchorita es el séptimo
disco editado por Jab Lemur en cerca de un año de aventura musical en estos
rubros (antes era guitarra de una banda de rock). Y poco a poco ha
ido aprendiendo a manejar sus herramientas. Todos sus discos pueden oírse o
descargarse desde Internet, algunos a través de net labels extranjeras
(Ruidemos, Clinical Archives). Lo del disco para libre descarga se ha vuelto
una gran alternativa para la difusión de mucha música experimental de la escena
local ante la carencia de lugares de venta de este tipo de material.
Hay algunos aspectos reconocibles en los discos de
Lemur. Sin duda le gusta contar historias, pues prácticamente todos sus discos
tienen en común un relato subyacente que linda con lo insólito o fantasioso
(historias de zafaris, invasiones alienígenas, princesas) siempre
pervertidos por una suerte de sensibilidad lúdica que hace ver sus trabajos
como travesuras sonoras y experimentos de infante en un día de encierro. Esa
sensibilidad juguetona es un rasgo que puede apreciarse en mucha música electrónica
experimental actual hecha por nuevas generaciones, incluso localmente, quizá
como respuesta a tanta cultura de virtualidad y de videojuegos, al punto que el
hecho mismo de manipular un mando o un teclado ya no parezca distinguible entre
una y otra experiencia.
Pero así como hay esta clave lúdica también está ese
componente abstracto y agresivo propio de esa naturaleza sonora del noise.
Este Culto a la Melchorita me hizo
recordar al Information Overload Unit
(1981) de los australianos SPK (padres del noise) pero
despojado de la sordidez y escatología característica de SPK. A Lemur le
obsesiona la idea de la saturación. La imagen que construye de la Melchorita
(imagen sagrada de arraigo popular), es eso: él la llama la Beata de la
saturación. En ese sentido el uso de guitarras eléctricas procesadas funciona
muy bien porque intensifica el clima psicodélico, lo hace inquietante y ayuda a
crear esa ilusión de caos. Los esbozos de chirriantes melodías elevan el
asunto a un plano de sobredosis. Las bases graves, enterradas y reventadas
hacen las veces del llamado a un ritual, es el único sonido que puede juzgarse
de estable y que hace interesante al disco por esa nota tribal (un elemento que
obsesiona a Lemur), que lo liga a la música industrial.
Es interesante la cuestión del formato. Culto a la Melchorita dura 1 hora con 21 minutos. Pero se presenta como un sólo disco. Una pequeña revolución en la extensión habitual de los discos producida por la aparición del mp3 y las netlabels. En la red la música no tiene que regirse por los formatos de los discos físicos. Hay un nuevo territorio allí en proceso de legitimarse.
Emergencia
La preocupación por los discursos populares tanto de intelectuales como de artistas en lo últimos años ha puesto en evidencia lo que era obvio: la emergencia de una cultura migrante en Lima que ya ha atravesado muchas barreras sociales y se ha hecho más notoria que nunca. Jab Lemur también quiere hacer eso evidente y al hacerlo hace visible una fricción compleja que es lo que hace a su disco una verdadera pesadilla: Si el ruido es ese elemento que perturba un orden establecido también es cierto que el ruido es una interferencia de la comunicación, un grado cero del lenguaje, algo ajeno a nuestra comprensión. Si con el ruido reivindicamos una cultura emergente entonces hay que asumir que al mismo tiempo se está haciendo evidente esa interferencia que es el quid del asunto.
Que un estilo musical como el noise
ingrese en la discusión de lo popular (y de la manera en cómo lo hace Jab
Lemur) es una señal de un problema complejo: la falta de comunicación real
entre esa cultura emergente y la establecida (ahora que está tan de moda la
cumbia y ha llegado a todos los estratos sociales). En todo ese proceso algo
importante se pierde, un puente se nos escapa, y deberíamos tomar
conciencia de eso. El ruido de Culto a la Melchorita,
suena como una sirena que nos pone alerta, y hace un retrato de como han
sido las cosas en Lima: una verdadera fiesta del ruido.
Luis Alvarado
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